lunes, 31 de agosto de 2009

Recordatorios del amor

Después de que Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial en 1941, Estelle trató de convencer a su novio, Sidney, de que no se uniera al ejército. Pero él se alistó y comenzó su entrenamiento en abril del año siguiente. Durante los tres años que siguieron, él le escribió a ella cartas de amor —525 en total. Entonces, en marzo de 1945, ella supo que su amado prometido había muerto en combate.

Aunque Estelle finalmente se casó, los recuerdos de su primer amor se mantuvieron vivos en su corazón. Para honrar ese amor, 60 años después publicó un libro basado en la correspondencia de Sidney durante la guerra.

Al igual que esas cartas, el Señor nos ha dejado recordatorios de Su amor, las Escrituras. Él dice: «Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia» (Jeremías 31:3).

«Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor» (Juan 15:9).

La Biblia también nos dice que «Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella» (Efesios 5:25).

«[Jesús] se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos» (Tito 2:14).

«Dios es amor» (1 Juan 4:8).

Lee la Palabra de Dios a menudo, y recuerda que Jesús te ama y murió por ti.

Como un diamante

Los astrónomos descubrieron una estrella en el cielo que se ha enfriado y comprimido en un diamante gigante. El diamante en bruto más grande con calidad de gema jamás encontrado en la tierra es el Diamante Cullinan, de más de 3.100 kilates. Entonces, ¿cuántos quilates tiene el diamante cósmico? ¡billones y billones de quilates!

En nuestro mundo, los diamantes son muy apreciados por su rareza, belleza y durabilidad, y a menudo escuchamos decir: «Los diamantes son para siempre». Pero Dios no está fascinado por los diamantes. Para Él, hay algo que es muchísimo más precioso.

Miles de años atrás, David se maravilló ante el gran valor que Dios había dado a los seres humanos: «¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra» (Salmo 8:4-5).

De hecho, Dios nos dio tan grande valor que pagó un costo altísimo para comprar nuestra redención. El precio de compra fue la preciosa sangre de Su Hijo, Jesucristo (1 Pedro 1:18-19).

Si Dios nos da un valor tan elevado, nosotros también debemos dárselo a las personas que ha traído a nuestras vidas. Llevarlas delante del Señor en oración. Pedirle que nos muestre en qué aspectos cada una de ellas es más invalorable que la joya más costosa del universo.

El Poder del Amor

El documental Young@Heart (Jóvenes de Corazón) echa una mirada divertida a un coro de 24 cantantes mayores cuyas edades rondan los 80 años. Llena de humor y momentos conmovedores, la película incluye la profundamente emotiva actuación de este extraordinario grupo de cantantes en una cárcel de Nueva Inglaterra. Cuando el concierto concluye, los cantantes se mezclan con los asistentes, saludando a los sorprendidos internos con apretones de manos y abrazos.

El asombro inesperado de los presos ante este toque personal me hace recordar el libro de Sofonías, en el que el profeta presenta un poderoso mensaje de la presencia y el amor de Dios a Su pueblo durante una época de tinieblas: «Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos» (3:17).

Según la maestra bíblica Henrietta Meras, Sofonías «comienza con sufrimiento pero termina con cántico. El principio del libro está lleno de tristeza y pesimismo, pero el final contiene una de las canciones de amor más dulces del Antiguo Testamento».

El amor de Dios hacia nosotros siempre es increíble, especialmente al tocarnos cuando estamos de capa caída en nuestras vidas. En nuestros momentos más oscuros, el Señor viene a nosotros con Su gozo, Su amor y Su cántico.

viernes, 28 de agosto de 2009

Oveja Abatida

En su conocido libro El Señor es mi Pastor (reflexiones de un pastor), W. Phillip Keller ofrece una ilustración asombrosa del cuidado y la gentileza de un pastor. En el versículo 3, cuando David dice, «confortará mi alma» utiliza un lenguaje que todo pastor entendería.

Las ovejas están hechas de tal manera que, si caen de costado o sobre sus lomos, les es muy difícil volver a levantarse. Agitan las patas en el aire, balan y lloran. Después de unas cuantas horas sobre sus lomos, sus estómagos se llenan de gas, se endurecen, el paso de aire se interrumpe y finalmente, las ovejas se asfixian. A esto se hace referencia como la posición de «abatido».

Cuando un pastor restaura a una oveja abatida, la tranquiliza, le masajea las patas para restaurar la circulación, gentilmente le da vuelta, la levanta y la sostiene para que pueda recuperar su equilibrio.

¡Qué ilustración de lo que Dios quiere hacer por nosotros! Cuando estamos sobre nuestras espaldas, agitados por la culpa, el dolor o las rencillas, nuestro amoroso Pastor nos tranquiliza con Su gracia, nos levanta y nos sostiene hasta que hayamos recuperado nuestro equilibrio espiritual.

Si has sido abatido por cualquier razón, Dios es el único que puede ayudarte a ponerte de pie de nuevo. Él restaurará tu confianza, tu gozo y tu fuerza.

jueves, 27 de agosto de 2009

Ligero como una pluma

Algunas veces, los cristianos podemos ser muy serios, preocupados por mantener la dignidad. Pero esa es una actitud extraña, ya que estamos unidos a un Dios que nos ha dado Su maravilloso don del gozo y la risa.

¡Divertirse está bien! Por supuesto, cada familia expresa su diversión de maneras distintas. Agradezco que en nuestra casa siempre haya habido risas. Las batallas de agua, las competiciones, las bromas cariñosas y la hilaridad eran fáciles para nosotros. La risa ha sido un regalo de la bondad de Dios que nos ayudó a soportar algunos de los días más oscuros de nuestras vidas. El gozo del Señor siempre ha sido nuestro refugio (Nehemías 8:10).

Cuando el rey David trajo el arca del pacto a Jerusalén desde la casa de Obed-Edom, danzó «con toda su fuerza» delante de Jehová (2 Samuel 6:14). La palabra hebrea indica la idea de exuberancia gozosa y está íntimamente relacionada con nuestra expresión «ser el alma de la fiesta». De hecho, en el versículo 16 se dice que David estaba «saltaba y danzaba». Mical, la esposa de David, pensó que esas manifestaciones de alegría de su marido era impropias de la dignidad de un rey, y reaccionó con fuerte severidad. La respuesta de David fue anunciar que se haría «más vil» (v.22). Su espíritu estaba flotando y él se sentía «ligero como una pluma».

Tómate un tiempo para reírte (Eclesiastés 3:4).

miércoles, 26 de agosto de 2009

La importancia de la teología

Para comprar un automóvil, buscamos algo más que el diseño. El motor es lo que le permitirá desplazarse eficientemente.

Sin embargo, a la hora de escoger pareja, algunos no son tan cuidadosos. Descubren demasiado tarde que la belleza puede camuflar una mente y un alma defectuosos. Ambos sexos cometen este error, pero a Carolyn Custis James le preocupaban los hombres cuando escribió: «El interés de [una] mujer en teología debería ser lo primero que llame la atención de un hombre… Su teología cobra súbita importancia cuando un hombre enfrenta una crisis y ella es la única que está cerca para animarle».

Salomón debía saber esto, pues fue el hombre más sabio que jamás vivió (1 Reyes 3:12; 4:29-34). Pero siguió sus propios deseos en vez de los mandamientos de Dios y se casó con mujeres que no creían en el Señor (11:1-2). Los resultados fueron desastrosos. Las esposas de Salomón le guiaron hacia otros dioses (vv.3-4) y Dios se molestó con él (v.9). El reino de Israel finalmente quedó dividido, y fue derrotado (vv.11-13).

La buena teología es importante para todos. Y es difícil tomar buenas decisiones si tenemos que ser leales a alguien que no conoce ni ama a Dios.

martes, 25 de agosto de 2009

Lamento por un amigo

A menudo he tenido que dirigir servicios en funerales. Normalmente, el director de pompas fúnebres me daba una pequeña ficha con todos los aspectos particulares del difunto, para que yo pudiera saber lo básico de su vida. Sin embargo, jamás me acostumbré a eso. A pesar de práctico y necesario, me parecía un poco superficial reducir a una ficha toda la vida de una persona. La vida es demasiado grande para eso.

Cuando David recibió la noticia de la muerte de Jonatán, paró para recordar la vida de su amigo —incluso escribió un cántico de duelo como una manera de homenajear a Jonatán (2 Samuel 1:17-27). David recordó la valentía y habilidad de su amigo, y habló del profundo dolor que sentía. Honró a una vida rica, buena y heroica. Para David, fue un momento intenso de duelo y recuerdo.

Cuando lloramos la muerte de alguien, es vital recordar los detalles atesorados y las experiencias que hemos compartido. Esos recuerdos llenan nuestros corazones de mejores recuerdos que los que pueda contener una ficha. El día que el dolor visita nuestros corazones no es tiempo para resúmenes cortos y rápidas instantáneas de la vida de nuestro ser querido. Es un momento para recordar profundamente, agradeciéndole a Dios por los detalles, las historias y el impacto de toda una vida. Es momento para hacer una pausa, reflexionar y dar honra.

lunes, 24 de agosto de 2009

Cuenta tu historia

Un consultor empresarial dice que normalmente sus alumnos graduados sólo recuerdan el 5% de las ideas principales en una presentación con gráficos, mientras que por lo general recuerdan la mitad de las historias que se cuentan. Existe un consenso cada vez mayor entre los expertos en comunicaciones acerca del poder del toque personal al relatar una experiencia. Mientras que los hechos y las cifras a menudo les producen sueño a los oyentes, una ilustración de la vida real puede motivarlos a la acción. La autora Annette Simmons dice: «El ingrediente faltante en gran parte de la comunicación fallida es la humanidad».

Marcos 5:1-20 ofrece el dramático relato de Jesús liberando a un hombre violento y autodestructivo de los poderosos demonios que le poseían. Cuando el hombre restaurado rogó quedarse con Jesús y acompañarle en Su viaje, el Señor le dijo: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban» (vv.19-20).

El conocimiento y la elocuencia a menudo se sobreestiman en el proceso de comunicar las buenas nuevas de Jesucristo. Jamás subestimes el poder de lo que Dios ha hecho por ti y no temas contarles tu historia a los demás.

sábado, 22 de agosto de 2009

Al igual que David

A la anciana no le gustaba cómo oraba su pastor cada domingo por la mañana, así que se lo dijo. Le molestaba que, antes de predicar, Le confesara a Dios que había pecado la semana anterior. «Pastor —le dijo—, no me gusta pensar que mi pastor peca».

Nos gustaría creer que nuestros líderes espirituales no pecan, pero la realidad nos dice que ningún cristiano está exento de las cargas de la naturaleza pecaminosa. Pablo les dijo a los creyentes en Colosas: «Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros» (Colosenses 3:5). El problema es que algunas veces no lo hacemos. Cedemos a la tentación y quedamos hechos un lío. Pero no quedamos desamparados. Tenemos un patrón a seguir para la restauración.

Ese patrón proviene del corazón y la pluma del rey David, cuyo pecado demostró las tristes consecuencias de sucumbir ante la tentación. Lee cuidadosamente el Salmo 51, cuando David reconoció su pecado. Primero, se lanzó a los pies de Dios, suplicando misericordia, reconociendo su pecado y confiando en el juicio de Dios (vv.1-6). Luego, buscó purificación de parte de Aquel que perdona y hace «borrón y cuenta nueva» (vv.7-9). Finalmente, David pidió restauración con la ayuda del Espíritu Santo (vv.10-12).

¿Está el pecado robándote el gozo e impidiendo tu comunión con el Señor? Al igual que David, entrégaselo a Él.

Recompensas de verdad

Una vez consideré las Bienaventuranzas en Mateo 5:3-12 como una especie de concesión que Jesús les daba a los infortunados: «Bueno, ya que no son ricos y están mal de salud y sus rostros están bañados de lágrimas, les voy a lanzar unas cuantas frases bonitas para hacerles sentir mejor».

Pero, a diferencia de los reyes medievales que lanzaban monedas a las masas, Jesús tuvo la ventaja de exhibir recompensas reales ante Sus espectadores. Aquel que vino del cielo sabía bien que el botín del Reino de los cielos fácilmente serviría de consuelo a cualquier miseria que encontráramos aquí en la tierra.

El énfasis en las recompensas futuras ha pasado de moda entre muchos cristianos. Mi antiguo pastor, Hill Leslie, solía decir esto: «A medida que las iglesias se hacen más ricas y exitosas, es menos probable que canten ‘Este mundo no es mi hogar, sólo estoy de paso’ y más probable que entonen ‘Este es el mundo de mi Padre’».

No anulemos el valor de la esperanza en las recompensas futuras. Sólo hay que escuchar los cánticos compuestos por esclavos norteamericanos para darnos cuenta de este consuelo de fe. «Desciende, dulce carro, que vienes para llevarme al hogar». «Nadie sabe de las tribulaciones que vi, nadie sino Jesús».

Con el tiempo he aprendido a respetar e incluso a anhelar las recompensas que Jesús ha prometido.

Indestructible!

¡El transbordador espacial vuelve a entrar en la atmósfera terrestre a una velocidad 25 veces mayor a la velocidad del sonido! La fricción proveniente de la resistencia al viento eleva la temperatura externa del trasbordador a 1.649 °C. Para impedir que la nave se consuma, 34 mil placas protegen su punto vulnerable. Estas placas deben ser virtualmente indestructibles ante la fricción a alta velocidad.

En este mundo de muerte y decadencia, nada es en verdad indestructible. Pero la Biblia nos habla acerca de una vida indestructible. Al comparar al Señor Jesús con las obras de la ley, se nos dice, «[Cristo] no [ha sido] constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible» (Hebreos 7:16).

El Mesías es nuestro Gran Sumo Sacerdote, cuyos deberes sacerdotales exigían Su propia muerte en sacrificio por nuestros pecados. Su resurrección garantiza la redención eterna para todos los que se arrepienten y creen en Él.

La pérdida de la salud, las relaciones o las finanzas pueden hacernos sentir como si nuestra vida hubiese sido destruida. Pero, para el creyente, nada podría estar más lejos de la verdad. Por medio de nuestra unión espiritual con Cristo, tenemos la promesa de que participaremos de Su propia vida indestructible (Juan 14:19).

Cuidado con Ruperto!

El 6 de junio de 1944, el Día-D de la invasión de Europa, una armada de buques aliados atacó las playas de Normandía, Francia. De manera simultánea, miles de aviones lanzaron paracaidistas a la acción. Junto con los paracaidistas, los aliados también lanzaron cientos de muñecos de goma detrás de las líneas enemigas. Estos muñecos, llamados «Rupertos» servían para simular un ataque y confundir así al enemigo. Cuando los Rupertos aterrizaron, algunos puestos de avanzada alemanes fueron engañados y atacaron a los «paramuñecos», causando una grieta vital en los muros de la Fortaleza Europa.

Aceptamos ese tipo de engaño como parte de una operación militar legítima diseñada para frustrar fuerzas opresoras. Lo que no debemos aceptar es el engaño que Satanás nos pone en el camino. Pablo explicó que el diablo «se disfraza como ángel de luz» (2 Corintios 11:14) y sus siervos parecen ser personas que están promoviendo la justicia (v.15).

¡Debemos estar alertas! A nuestro enemigo espiritual le encantaría tener a seguidores de Cristo distraídos por falsas enseñanzas y doctrinas incorrectas. Pero, al fijar nuestros ojos en Jesús y en las claras enseñanzas de la Escritura, nuestro Señor puede mantenernos con nuestro objetivo en la dirección correcta.

No te dejes engañar con los Rupertos de Satanás.

Todo trata del corazón

Cada vez que Susana abre la boca, es como el sonido de una sirena de ambulancia. Este anuncio de televisión utiliza el humor para indicar que un problema dental podría revelar un achaque físico más grave. ¡Así que es mejor que vaya a su dentista pronto!

El anuncio me hizo pensar en lo que sale de mi boca cuando la abro. Jesús dijo que nuestras palabras provenían de nuestro corazón (Mateo 15:18). Los fariseos se sintieron ofendidos cuando les dijo: «No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre» (vv.11-12). Ellos pensaban que estaban bien con Dios porque seguían reglas estrictas, incluyendo la purificación ritual de las manos antes de comer, y porque comían sólo alimentos «puros». Jesús golpeó su orgullo.

Jesús también golpea nuestro orgullo. Puede que pensemos que somos piadosos porque vamos a la iglesia con regularidad u oramos, pero luego nos involucramos en chismes o habladurías a espaldas de las personas. Santiago 3:9-10 dice: «Con [nuestra lengua] bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres… De una misma boca proceden bendición y maldición… esto no debe ser así».

Si sale el sonido de una sirena cuando abrimos la boca, tenemos que examinar nuestro corazón y pedirle al Señor que nos perdone y nos ayude a ser una bendición para los demás.

Sé que puedo

¿Recuerdas la historia de La pequeña locomotora que podía hacerlo? Eso determinaba que el trencito trepara por la empinada colina cantando con optimismo: «Creo que puedo. Creo que puedo». Y luego, mientras adquiría mayor determinación, declaraba: «Sé que puedo. Sé que puedo».

Todos estarían de acuerdo con que los seguidores de Cristo deben pensar y vivir de una manera positiva. Pero, ¿alguna vez te encuentras dependiendo demasiado de tus propias capacidades en vez de depender del poder del Espíritu Santo que mora en ti?

En Juan 15, Jesús explicó nuestra necesidad de depender totalmente de Él cuando dijo: «El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer» (v.5). Pablo nos recordó que «todo lo p[odemos] en Cristo que [nos] fortalece» (Filipenses 4:13), que «la excelencia del poder [es] de Dios, y no de nosotros» (2 Corintios 4:7) y que somos «fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu» (Efesios 3:16).

Por el poder de Dios podemos hacer lo que sea que Él nos pida —por medio de Él. Podemos basar nuestra confianza no en nuestras propias capacidades, sino en las promesas absolutas de Dios.

Así que hoy, con muchísimo mayor poder del que la pequeña locomotora jamás pudiera lograr tener, podemos decir: «Sé que puedo. Sé que puedo —por el poder de Jesús».

Canta un cántico nuevo

A la edad de 94 años, el Pastor Willis fue internado en una casa de reposo. Desde su silla de ruedas, explicaba con gozo cómo Dios le había dado un nuevo campo misionero donde compartir el Evangelio. Cuando quedó postrado en cama algunos años después, hablaba con entusiasmo de cómo estaba en la mejor posición posible para mirar a Dios. Cuando murió a la edad de 100 años, el Pastor Willis dejó tras sí el legado de alguien que cantaba un cántico nuevo de alabanza en cada giro de su vida terrenal.

El Salmo 98 nos exhorta a cantar un cántico nuevo para Dios, quien «ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado, y su santo brazo» (v.1). Debiéramos alabarle —aun en momentos de dificultad— por cuanto Dios recuerda «Su misericordia y […] Su verdad» (v.3). Aunque este salmo trata acerca de cómo Dios libró a los israelitas de la esclavitud, de manera profética también trata acerca de nuestra salvación por medio de Jesucristo nuestro Señor. Y, al recordar lo que Dios ha hecho por nosotros, podemos confiar en que Él nos ayudará con las dificultades de hoy, así como también con las incertidumbres de mañana.

El salmista escribió: «Brame el mar y su plenitud, el mundo y los que en él habitan; …los montes todos hagan regocijo» (vv.7-9). ¡Unámonos a la creación de Dios cantando alabanzas a nuestro Salvador!

domingo, 16 de agosto de 2009

Realeza conocida

Cuando era niño, me encantaba ver la película El pequeño Lord Fauntleroy. La historia se centra en Cedric, un niño que crecía en un hogar pobre con su madre en Brooklyn. Descubre la pasmosa noticia de que en realidad es el descendiente directo del Conde de Dorincourt y heredero de una vasta fortuna. Un día es un don nadie que juega a darles patadas a las latas en las calles de Nueva York y luego, de repente, está atravesando un pueblo inglés al clamor de «¡Su señoría!» por parte de aldeanos llenos de adoración.

Si hubieses visto a Jesús jugando en las calles de Nazaret cuando era niño, Él no te habría llamado la atención en absoluto (excepto que tal vez no hubiese estado jugando a darles patadas a las latas). Si Le hubieses visto en el taller de carpintería, no habrías tenido ni idea acerca de Su deidad. Y si Le hubieses visto colgado en la cruz, esa horrorosa escena no habría llevado tu corazón a adorarle a no ser que supieses lo que había detrás.

Pero, en Su resurrección, Jesús reveló Su verdadera identidad. Él es el Rey conquistador —¡la realeza en estado puro! Ya que «Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre» (Filipenses 2:9), ¡cuánto más debemos adorar con devoción a Aquel que, en rendida humildad, murió para poder llegar a ser nuestro Rey victorioso!

sábado, 15 de agosto de 2009

Corriendo cada día

El ascenso a la cima del Monte Pikes es una desafiante carrera con un recorrido de 21 kilómetros a pie al tiempo que se asciende hasta una altitud de 2.382 metros. Mi buen amigo Don Wallace ha hecho esta carrera 20 veces. En su última competición, ¡cruzó la meta una semana antes de cumplir 67 años! En vez de entrenar justo antes de una carrera, Don corre algunos kilómetros diariamente, todo el año, dondequiera que esté. Lleva haciendo esto la mayor parte de su vida adulta y sigue siéndolo hasta hoy.

En 1 Corintios 9, Pablo utiliza el correr como una ilustración de su propia disciplina como cristiano en la carrera de la vida. Él corría con propósito y disciplina para ganar una corona eterna y animaba a los demás a hacer lo mismo: «Corred de tal manera que… obtengáis [el premio]» (v.24).

La palabra «se abstiene» en el versículo 25 implica el autocontrol practicado por los atletas que entrenan para ganar el premio. La disciplina frecuente, como hábito constante en la vida, es de muchísimo más valor para cualquier atleta que la preparación del último minuto.

¿Enfocamos «la carrera que tenemos por delante» (Hebreos 12:1) con un régimen espiritual que deja mucho espacio para el azar, o con un propósito y una disciplina nacidos de un deseo de agradar a Dios?

La clave para llegar lejos es la disciplina de correr cada día.

viernes, 14 de agosto de 2009

La enfermedad más mortal

En 2003 se identificó el Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS) en Vietnam. Cuando se logró ponerlo bajo control, ya se había extendido y matado a cerca de 800 personas. Una razón para la alta tasa de mortalidad fue que el virus tardó en ser identificado, pero, después de ello, pudo ser contenido.

Hay una enfermedad aún más peligrosa: el pecado. También es difícil de controlar porque muchos no reconocen lo mortífero que es, y cuestionan el diagnóstico que la Biblia hace del mismo.

En Josué 7, leemos la trágica historia de Acán. Puede que nos dé miedo la manera drástica en que Dios lidió con él. Desobedeciendo a Dios, él había tomado parte del botín de Jericó y lo había guardado (v.21). Él y su familia pagaron con sus vidas (v.25).

Gracias a Dios, Él no nos trata así a nosotros. Si lo hiciera, no quedaríamos ninguno con vida. Pero jamás subestimemos lo mortífero que es el pecado. Envió a Cristo a la cruz por nosotros.

Al igual que el SARS, el primer paso para lidiar con el pecado es identificarlo. Recibe con gratitud el regalo de la vida eterna. Luego «ha[z] morir, pues, lo terrenal en [ti]» —las cosas que no agradan a Dios (Colosenses 3:5). Esa es la manera de lidiar con la enfermedad más mortal.

jueves, 13 de agosto de 2009

El amor a las reglas

Cuando enseño redacción, explico que por lo general es mejor primero usar palabras o frases cortas en una serie, como «artes y letras» y «la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad». A principios de mi carrera, les explicaba a los autores que simplemente suena mejor así, pero luego descubrí una «regla» al respecto; y aprendí que es más probable que los autores acepten cambios editoriales cuando les puedo indicar una regla que cuando simplemente les digo «confíen en mí».

Esto es típico de la naturaleza humana. Tenemos una relación de amor/odio con las reglas. No nos gustan, pero sin ellas no estamos seguros de cómo diferenciar lo correcto de lo incorrecto.

Dios tenía una relación con Adán y Eva basada en una amorosa confianza. La única regla necesaria era la que les protegía del conocimiento que les llevaría a la muerte. Pero, cuando la desobediencia quebrantó esa relación de confianza, Dios añadió más reglas para proteger a la pareja desobediente y a su descendencia.

En Cristo, Dios proclamó una vez más que la buena vida que quiere para nosotros no se basa en reglas sino en una relación. Tal y como Pablo escribió, todos los mandamientos pueden resumirse en una sola palabra: amor. Porque estamos «en Cristo» podemos disfrutar de la paz con Dios y los demás —no porque haya una regla, sino por amor.

miércoles, 12 de agosto de 2009

El es suficiente

A veces la vida nos abruma. Las violentas olas del desengaño, las deudas sin fin, las enfermedades que nos debilitan o los problemas con otras personas pueden ocasionar desesperanza, depresión y desesperación. También les sucedió a los discípulos de Jesús. Y también me ha pasado a mí.

Tres afirmaciones del Señor nos ofrecen consuelo, seguridad y esperanza de que Jesús es suficiente. La primera la encontramos en Mateo 4, y se repite tres veces: «Está escrito» (vv.4,7,10). En respuesta a las tres tentaciones de Satanás, Jesús nos dio suficientes pruebas de que la Palabra del Señor es cierta y sobrepasa a las más poderosas formas de tentación y opresión.

La segunda afirmación: «Soy yo» (Mateo 14:27) fue pronunciada cuando Jesús les dijo a sus aterrorizados discípulos que Él mismo era suficiente para detener la atronadora tempestad y calmar las furiosas aguas.

Jesús pronunció la tercera afirmación desde la cruz: «Consumado es» (Juan 19:30). Él nos aseguró que Su muerte fue la provisión suficiente para pagar la deuda de nuestros pecados y hacernos libres.

Sean cuales sean nuestras circunstancias, Jesús está presente con Su amor, compasión y gracia. Él es la prueba, la presencia y la provisión necesaria para conducirnos con seguridad hasta el final.

DAG o Dios?

¿Estás siempre preocupado? ¿Te preocupan las cuentas, el futuro, la salud, los problemas matrimoniales? ¿Te ha llegado a consumir la preocupación hasta tal punto que te has vuelto «un manojo de nervios»? Si esto te describe, tal vez padeces el desorden de ansiedad generalizada, o DAG —una condición marcada por un estado de preocupación constante por la mayoría de los aspectos de la vida. Según David Barlow, profesor de psicología en la Universidad de Boston, «la característica psicológica clave del DAG es un estado de preocupación crónica e incontrolable». Un poco de ansiedad es normal, pero la preocupación constante no lo es.

Abrumados por el sufrimiento y la persecución, los cristianos del primer siglo fueron expulsados de Jerusalén y dispersados por toda Asia (1 Pedro 1:1-7). Muchos de estos creyentes experimentaban sentimientos de angustia debido a posibles peligros o desgracias. Pedro les animó a que no se angustiasen sino que echasen todas sus preocupaciones sobre Dios (5:7). Él quería que se dieran cuenta de que no tenía sentido que cargaran con sus preocupaciones cuando podían echarlas sobre Dios, quien se preocupaba profundamente por todo lo que les pudiera suceder.

¿Eres un preocupado crónico? Entrega a Dios la responsabilidad de tus ansiedades. Deja de preocuparte y comienza a confiar en Él por completo.

lunes, 10 de agosto de 2009

El Corazón del Evangelio

Cuando E. Stanley Jones, conocido misionero en la India, tuvo la oportunidad de encontrarse con Mahatma Gandhi, le hizo una pregunta perspicaz al reverenciado líder de la India: «¿Cómo puede el cristianismo causar un mayor impacto en su país?» Muy cuidadosamente, Gandhi respondió que se requeriría tres cosas:

«Primero, los cristianos deben comenzar a vivir más como Jesús. Segundo, la fe cristiana debe presentarse sin adulteración alguna. Tercero, los cristianos deben enfatizar el amor, que está en el corazón del Evangelio».

Estas profundas sugerencias son la clave para el evangelismo efectivo en todo el mundo. Como mensajeros del amor de Dios, hemos de ser espejos humanos que reflejan sin distorsión alguna un parecido cada vez mayor con nuestro Señor; no hemos de caminar «con astucia» (2 Corintios 4:2). Si nuestras vidas reflejan una imagen que está espiritualmente borrosa, puede que la verdad de la gracia salvadora no se comunique con claridad (vv.3-5). También hemos de compartir claramente los aspectos bíblicos esenciales de nuestra fe. No debemos usar la Palabra de Dios «adulterándola» (v.2). Y nuestras vidas han de estar marcadas por el amor a Dios y a los demás (1 Juan 5:1-2).

Asegurémonos de reflejar una imagen clara de la semejanza de Jesús, la verdad de Dios y el amor.

domingo, 9 de agosto de 2009

Sí, pero....

Calificar trabajos en la universidad está lleno de sorpresas. Algunas veces, uno de mis alumnos realizará su curso con éxito y mostrará un buen estilo de redacción, y yo sentiré que mi instrucción valió la pena.

Otras sorpresas no son tan agradables, como el trabajo en el que un alumno escribió: «La Biblia dice: «‘No _______’». Y llenó el espacio en blanco con la actividad acerca de la que estaba escribiendo —aun cuando la Escritura no contiene semejante versículo. Pensé que su mayor problema era que no conocía la Palabra, hasta que concluyó: «Aunque la Biblia dice que esto está mal, no veo por qué debe ser así, por lo que creo que está bien».

Es peligroso y arrogante, en la peor de sus formas, pensar que sabemos más que Dios acerca de un asunto. La Escritura predijo este tipo de pensamiento. Pablo dijo en 2 Timoteo 4: «Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que… se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído» (vv.3-4). Esto indica a personas que ponen a un lado la inspirada Palabra de Dios (3:16) para aceptar una enseñanza que creen que está «bien».

Cuando la Biblia claramente expresa un principio, honramos a Dios obedeciéndolo. Para los creyentes, no hay lugar para respuestas a la Escritura del tipo «sí, pero…».

Granville Sharp

Cuando estudiaba en el seminario bíblico, un nombre que se mencionaba a veces en la clase de griego era el de Granville Sharp. Era un renombrado erudito en griego (1735–1813), cuyos estudios establecieron los principios de la interpretación bíblica que continúan guiando nuestra comprensión del idioma original del Nuevo Testamento.

Estudiar las Escrituras y aprender las poderosas verdades que éstas contienen es un noble ejercicio pero, sin importar cuán profundamente estudiemos, no es suficiente. Santiago nos desafió a entender esto cuando escribió: «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era» (Santiago 1:22-24).

Granville Sharp lo entendió y puso su fe en práctica. Además de ser un erudito bíblico, también luchó por erradicar la esclavitud en Inglaterra. Sharp dijo: «La tolerancia a la esclavitud es, en efecto, la tolerancia a la inhumanidad». Su comprensión bíblica del valor de un alma humana y la justicia de un Dios santo le impulsaron a actuar en base a su fe.

Podemos aprovechar la pasión de Sharp por la Palabra —y por vivir la verdad que ésta contiene.

Sabiduría Sutíl

Cuando estaba en la universidad, mi compañero de trabajo, Beto, un conductor de carretilla elevadora, a menudo enriquecía mi vida con su sabiduría concisa y expresiva. Un día estábamos almorzando, sentados en la parte de atrás de su carretilla elevadora, cuando le dije que me estaba cambiando a otra universidad.

«¿Por qué?» —preguntó.

«Todos mis amigos están cambiándose allí» —contesté.

Beto masticó su bocadillo por un momento y luego respondió quedamente y con sutil ironía: «Imagino que esa debe ser una manera de escoger una universidad».

Sus palabras me llegaron con una extraña fuerza. Por supuesto, pensé. Pero, ¿es ésta la única manera de escoger una universidad? ¿Seguiré a mis amigos por el resto de mis días, o seguiré a Jesús? ¿Buscaré Su rostro y Su voluntad e iré a dónde Él quiere que yo vaya?

Veinticinco veces en el Nuevo Testamento Jesús dijo a Sus discípulos: «Sígueme». En Marcos 8:34, Él dijo, «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame». No importa lo que los demás hagan o qué dirección puedan tomar sus vidas, nosotros debemos hacer lo que Él nos pida.

Vienen a mi mente las palabras de una antigua canción: «Mi Señor conoce el camino a través del desierto; ¡seguirle es todo lo que tengo que hacer!»

jueves, 6 de agosto de 2009

¿Un Caramelo?

Un nuevo sitio en la red le ayuda a uno a decirle a un compañero de trabajo lo que teme decirle en persona. Comentarios como: «Un caramelo de menta para el aliento te vendría bien», «el timbre de tu móvil suena muy fuerte hoy», o «tu perfume por lo general es muy fuerte». Puedes enfrentar los problemas de manera anónima haciendo que el sitio en la red envíe un e-mail en vez de hacerlo tú.

Es normal que seamos cautos al hablar con los demás acerca de algo que nos molesta. Pero, cuando se trata de confrontar a otros creyentes sobre su pecado, es más serio. Desearíamos poder hacerlo anónimamente, pero tenemos que hacerlo cara a cara.

Gálatas 6:1-5 ofrece algunas pautas para confrontar a algún cristiano que está llevando una vida pecaminosa. El primer requerimiento es que nosotros mismos estemos cerca del Señor y que no nos considereremos superiores al que está pecando. Luego debemos estudiar la situación con el objetivo de restaurar a la persona, no de traer condenación sobre ella. Debemos tener siempre «un espíritu de mansedumbre» mientras recordamos que nosotros también podemos ser tentados. Jesús dio instrucciones para ayudarnos cuando el pecado es un asunto personal contra nosotros (Mateo 7:1-5; 18:15-20).

Con la ayuda de Dios al darnos esta capacidad, podemos, valiente y sensiblemente, confrontar y restaurar a otros.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Asuntos del Corazón

Al inicio de un retiro espiritual, nuestro orador, Matt Heard, preguntó: «¿Cómo están vuestros corazones?» Eso me dejó pasmado, porque yo tiendo a centrarme en creer con la mente y a trabajar con las manos. En la actividad de pensar y servir, mi corazón es dejado a un lado. Al ser guiados a través del énfasis reiterado de la Biblia en este centro crucial de nuestras vidas, comencé a captar su premisa de que la fe y el servicio son, más que nada, asuntos del corazón.

Cuando Jesús contó una historia para ilustrar cómo las personas reciben y responden a Su enseñanza (Mateo 13:1-9), Sus discípulos preguntaron: «¿Por qué les hablas por parábolas?» (v.10). En respuesta, Jesús citó al profeta Isaías: «Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos, para que no vean con los ojos, y oigan con los oído, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane» (v.15; Isaías 6:10).

Cuán peligrosamente fácil es descuidar nuestros corazones. Si nos endurecemos, no encontramos gozo en vivir o servir, y la vida parece hueca. Pero, cuando nuestros corazones son tiernos hacia Dios, la comprensión y el agradecimiento fluyen a través de nosotros hacia los demás.

Así que, ¿cómo está tu corazón?

martes, 4 de agosto de 2009

Nuestra Brújula Moral

Se dice que cuando a Abraham Lincoln le presentaron a la autora Harriet Beecher Stowe, éste dijo que era «la mujercita que escribió el libro que comenzó esta gran guerra».

Aunque el comentario del Presidente Lincoln no era totalmente en serio, la novela de la Sra. Stowe, La Cabaña del Tío Tom jugó un papel decisivo en la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos. Su gráfica descripción del racismo y de la injusticia de la esclavitud ayudó a guiar hacia el inicio de la Guerra Civil. Finalmente, la proclamación de emancipación de Lincoln declaró que todos los esclavos «serán libres». Así, la novela de la Sra. Stowe ayudó a cambiar la brújula moral de una nación.

Siglos antes, al rey Salomón se le dijo qué podría cambiar la brújula moral de Israel. Era comenzar con humildad y confesión. El Señor le dijo a Salomón: «Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra» (2 Crónicas 7:14).

Como comunidad cristiana, debemos comenzar con un inventario de nuestras propias vidas. Al buscar humildemente a Dios con oración y arrepentimiento, los cambios comenzarán en nuestras vidas. Dios entonces puede usarnos para cambiar la brújula moral de una nación.

Bienvenidos

Hola, estamos en nuestro nuevo blog. Esperamos que disfrutes de una experiencia espiritual en Dios cada día.