martes, 17 de noviembre de 2009

Dos blancas


Jesús se sentó en el templo cerca del arca de la ofrenda y observaba mientras las personas se acercaban y depositaban sus ofrendas para el templo (Marcos 12). Algunos montaban un espectáculo para ello, tal vez para que los demás pudieran ver cuánto habían dado. Justo en ese momento, vino una pobre mujer y echó dos «blancas».
Una blanca era la moneda de más baja denominación en circulación. Por lo tanto, la ofrenda de la viuda era muy pequeña y de ningún valor a los ojos de muchos. Pero nuestro Señor vio lo que los demás no habían visto. Ella había dado «todo lo que tenía» (Marcos 12:44). La viuda no estaba tratando de llamar la atención hacia sí. Simplemente, estaba haciendo lo que podía. ¡Y Jesús lo notó!
No debemos olvidar que nuestro Señor ve todo lo que hacemos, aunque pueda parecer muy pequeño. Tal vez no sea nada más que mostrar un semblante alegre en momentos difíciles o un acto desapercibido de amor y amabilidad hacia alguien que pasa por casualidad. Puede que sea una oración breve y en silencio por algún vecino en necesidad.
Jesús dijo: «Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos […]. Mas cuando tú des limosna […] sea […] en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público» (Mateo 6:1-4).

El Problema de la Autosuficiencia


La ciudad de Laodicea tenía problemas con el agua. Una de las ciudades cercanas contaba con fabulosas fuentes termales y otra tenía agua fresca y cristalina. Sin embargo, Laodicea debía aguantarse con un agua tibia y cargada de minerales que sabía a azufre. No era caliente ni fría. Era simplemente asquerosa.
Ante esto, las palabras de Jesús a los creyentes laodicenses, en Apocalipsis 3, probablemente les impactaron. Jesús los reprendía por no ser «frío[s] ni caliente[s]» (v.15). Y, cuando pensaba en ellos, sentía ganas de vomitar (v.16), justo el efecto del agua que ellos tenían para beber.
¿Cuál era su problema? El pecado de la autosuficiencia. Los laodicenses se habían enriquecido tanto que habían olvidado lo mucho que necesitaban a Jesús (v.17).
Cuando decimos que tenemos todo lo que necesitamos, pero Jesús no encabeza la lista, Él se ofende profundamente. La autosuficiencia nos aleja de buscar las cosas que realmente necesitamos y que sólo el Señor puede dar. Si prefieres tener dinero en vez de carácter, si tus tarjetas de crédito están al máximo y tu rectitud al mínimo, si te has vuelto astuto, pero no eres sabio, has realizado tus compras en todos los lugares equivocados. Jesús ofrece productos que son muchísimo mejores (v.18). Él está llamando a la puerta de tu corazón (v.20). Déjalo entrar. ¡Te dará todo lo que realmente necesitas!

Agradando a Dios


Andy Warhol, el pintor de arte pop de imágenes norteamericanas tales como la sopa Campbell, dijo una vez, «En el futuro, todos serán famosos por quince minutos». Pero se equivocó. Hay millones de personas que jamás lograrán ser el centro de atención ni por un momento. Algunas de ellas son hombres y mujeres que pasan sus vidas haciendo cosas tales como trabajar duro, criar buenos hijos, orar fielmente por los demás, compartir su fe con aquellos que todavía no conocen a Jesús. Enseñan en la escuela dominical, llevan comida a los enfermos, acompañan a ancianos a sus citas con el doctor y hacen otras incontables bondades.
Puede que a estas personas jamás se las reconozca fuera de su círculo de familiares y amigos. Ciertamente, sus nombres no son famosos. Y, aunque a menudo se entregan a sí mismas de buena gana y con sacrificio, puede que no reciban mucho agradecimiento ni alabanza por su servicio. Pero Dios sabe de su fidelidad y se complace en su obediencia.
Pablo, en 2 Corintios 5:9, nos enseña que «procuramos también […] serle agradables» a Dios. Al Señor le agrada que, por fe, creamos en Él y entreguemos nuestras vidas a Su servicio (Hebreos 11:6). Esa es nuestra recompensa, porque la aprobación de Dios siempre es más dulce que el aplauso de la multitud

Gozo en medio del dolor


Después de sólo unas pocas lecciones de arte, Joel, de diez años, decidió poner a prueba su habilidad y pintó una flor. Mientras observaba la fotografía de una rosa de Sarón, pudo pintar una bella mezcla de azul, púrpura, rojo, verde y blanco. Esto hizo que la flor, que había sido fotografiada el día en que murió su tía, pareciera cobrar vida. Para la familia, la pintura del niño simbolizaba una mezcla agridulce de sentimientos. Si bien era un recordatorio perdurable de la pérdida que habían sufrido, también conllevaba la celebración del don artístico de Joel, el cual acababa de surgir. La pintura trajo gozo en medio del dolor.
Igualmente, el pueblo de Judá también tuvo una experiencia agridulce al regresar a Jerusalén después del cautiverio en Babilonia. Al comenzar a reconstruir el templo de Salomón, muchos entonaban cánticos de alabanza. Al mismo tiempo, algunos de los ancianos que habían visto la belleza del templo original destruido por la guerra, lloraban a gritos. Se nos dice que «no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro» (Esdras 3:13).
El sufrimiento puede ser así. Aunque haya tristeza al mirar atrás, también encontramos una promesa de gozo al confiar en Dios para el futuro. Incluso en medio de una pérdida devastadora, tenemos esta esperanza: El Señor provee gozo en medio del dolor

No Hay Trato


Todos hemos visto y escuchado anuncios publicitarios que nos tientan a tomar atajos hacia la felicidad. ¡Compre nuestro producto y no pague más durante todo un año! ¡Gratificación instantánea!
Cuando el diablo tentó a Jesús (Lucas 4:1-13), le ofreció un atajo hacia la «satisfacción». Trató de tentar a Jesús para que tomase el asunto en Sus propias manos en vez de confiar en Su Padre.
Cuando Jesús tuvo hambre, tras 40 días de ayuno (v.2), Satanás sugirió que usara Su poder para convertir las piedras en pan. Si el Señor lo hubiese hecho, habría estado usando Sus poderes para Su propio beneficio, pero se negó a hacerlo.
¿Por qué Jesús no aceptó el ofrecimiento del diablo de gobernar todos los reinos del mundo de inmediato? (vv.5-7). Podría haber evitado la cruz. Pero eso habría ido contra el plan de Dios para Él; es decir, que diera Su vida en la cruz, resucitara y se sentara a la diestra del Padre en Su reino. El atajo que Satanás le ofrecía no era nada ventajoso.
Cuídate de las tentaciones que parecen representar un costo pequeño en el presente. Satanás espera lograr que hagas las cosas a su manera. Y no se rinde con facilidad. Aun después de que Jesús venciera la tercera tentación, Satanás sólo se fue «por un tiempo» (v.13).
Siempre que te hagan una oferta para un atajo hacia la felicidad, ¡fíjate quién está detrás del mostrador!

Existencia Frágil


Me fascinan las formaciones geológicas en el Parque Nacional de Yellowstone. Pero, cuando camino entre los géiseres, soy consciente de lo cerca que estoy del peligro. Estoy caminando sobre uno de los volcanes más grandes y activos en el mundo.
Cuando leo el libro de Job, es como si estuviera caminando por Yellowstone y el volcán entrase en erupción, haciendo que la frágil corteza de la tierra explote y cause un gran desastre.
Al igual que los turistas en Yellowstone, Job estaba disfrutando de la vida. No estaba al tanto de que sólo un muro lo separaba del desastre (Job 1:9-10). Cuando Dios quitó ese muro y permitió que Satanás probara a Job, su vida explotó (vv.13-19).
Muchos creyentes viven en circunstancias en las que parece que Dios, por alguna razón, ha quitado Su muro de protección. Otros, también por razones desconocidas, viven en relativa calma, aparentemente ignorantes de su frágil existencia. Al igual que los amigos de Job, asumen que nada malo les pasará, a menos que hagan algo para merecerlo.
Sin embargo, a partir de lo que aprendemos de Job, Dios permite algunas veces que a las personas buenas les sucedan cosas malas. Aunque el desastre puede ocurrir en cualquier momento, nada tiene el poder de destruir a aquellos que confían en Cristo (2 Corintios 4:9). Ningún desastre puede separarnos del amor de Dios.

Valor humilde


Un reportaje del diario Chicago Tribune decía: «Montones de estadounidenses, desde clérigos hasta abogados y presidentes de compañías, están reclamando medallas al valor que jamás ganaron». La fabricación de registros de guerra y las falsas afirmaciones de valentía están más generalizadas de lo imaginable. Un hombre, que reclamó falsamente una Cruz de la Marina, posteriormente sintió vergüenza y dijo que los verdaderos héroes rara vez hablan de lo que han hecho.
El heroísmo está marcado por un generoso acto de arriesgar la vida en beneficio de otro. En Filipenses, Pablo elogió a dos de sus colegas como verdaderos héroes de la fe. La generosidad de Timoteo y su carácter probado se ganaron el reconocimiento del apóstol como un verdadero hijo que había servido con él en el evangelio (2:22). Y Pablo describió a Epafrodito como «hermano y colaborador y compañero de milicia» (v.25), que arriesgó su vida por la obra de Cristo (v.30).
Pablo les dijo a los creyentes en Filipos: «Tened en estima a los que son como él» (v.29). Honrar a nuestros compañeros de la fe por su desinteresado servicio a Dios es un mandato bíblico. No se trata de la adoración a un héroe, sino de una actitud de respeto por una vida bien vivida.
¿A quién puedes honrar hoy con una palabra de aliento o una expresión tangible de aprecio por su humilde valor al servir al Señor y ayudar a los demás en Su nombre?

El abrazo de Dios


Después de que su familia partiera porque ya era tarde, Carolina comenzó a pensar que su habitación en el hospital debía ser el lugar más solitario del mundo. La noche había caído, los temores por causa de su enfermedad regresaban y ella sentía una abrumadora desesperación mientras yacía allí, sola.
Cerrando los ojos, comenzó a hablarle a Dios: «Oh Señor, sé que no estoy realmente sola. Estás aquí conmigo. Por favor, dale calma a mi corazón y dame paz. Haz que sienta Tus brazos a mi alrededor, sosteniéndome».
Mientras oraba, Carolina sintió que sus temores comenzaban a amainar. Y, cuando abrió los ojos, miró hacia arriba para encontrarse con los cálidos y chispeantes ojos de su amiga Margarita, que había extendido sus brazos para rodearla con un gran abrazo. Carolina sintió como si Dios mismo estuviese sosteniéndola fuertemente.
A menudo, Dios usa a otros creyentes para mostrarnos Su amor. «Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, […] teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, […] úsese» (Romanos 12:5-6). Servimos a los demás «conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo» (1 Pedro 4:11).
Cuando mostramos amor y compasión de maneras sencillas y prácticas, somos parte del ministerio de Dios a Su pueblo

lunes, 9 de noviembre de 2009

La pasión de nuestro deseo


El pastor A.W. Tozer (1897–1963) leyó a los grandes teólogos cristianos hasta que pudo escribir acerca de ellos con facilidad. Él nos desafía: «Acérquense a los hombres y mujeres santos del pasado y pronto sentirán la pasión de su deseo por Dios. Lloraban por haberlo perdido, oraban y luchaban, y buscaban Su rostro día y noche, a tiempo y fuera de tiempo; y, cuando lo encontraban, el hallazgo era muchísimo más dulce por la larga búsqueda».
El autor del Salmo 42 tenía la clase de anhelo por el Señor de la que Tozer hablaba. Al sentirse separado de Dios, el salmista usó el símil de un ciervo que brama de sed, para expresar su profundo anhelo de experimentar la presencia de Dios. «Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo» (vv.1-2). La pasión de su deseo por el Señor era tan grande, y su dolor tan intenso que fue más lo que lloró que lo que comió (v.3). Pero el anhelo del salmista quedó satisfecho cuando puso su esperanza en Dios y lo alabó por Su presencia y ayuda (vv.5-8).
¡Oh, si tuviéramos un anhelo y una sed de Dios tan intensos que los demás sintieran la pasión de nuestro deseo por Él!

La iglesia perseguida


Una mañana de octubre de 2006, una mujer y sus seis hijos fueron obligados a presenciar un ataque contra el esposo y padre de la familia. Sus atacantes trataron de forzarlo a negar a Jesús, pero se rehusó. Siguió proclamándolo como Señor y murió orando por su familia, la cual está decidida a seguir a Cristo, aun en su dolor.
Otro hombre fue sentenciado a tres años de cárcel supuestamente por haber insultado otra religión. Es un cristiano que habla con pasión de su fe y de Cristo. Él, su esposa e hijos siguen fieles y rehúsan negarlo.
La persecución a la fe cristiana es tan real en nuestro mundo como lo fue para los creyentes judíos en la iglesia primitiva, por quienes Pedro oró, diciendo: «Mas el Dios de toda gracia, […] después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca» (1 Pedro 5:10). Hoy, Día internacional de oración por la iglesia perseguida, estos pedidos de Puertas Abiertas, un ministerio dedicado a alentar a los cristianos perseguidos, pueden guiarnos al orar:
Por la seguridad y fe de los creyentes ocultos en países donde es ilegal testificar de Cristo.
Por la salud, perseverancia y aliento de los creyentes encarcelados por causa del evangelio.
Para que aquellos cuyos seres amados murieron como mártires hallen fortaleza en Dios.
Oremos juntos al Señor por nuestros compañeros de la fe.

¿Cómo iba a saberlo?


Era la temporada de los conciertos de la escuela secundaria y los estudiantes de música se estaban preparando para la gran fiesta navideña. La profesora había comunicado claramente cada detalle a los estudiantes y a los padres en dos ocasiones distintas, y la hora, fecha y lugar del ensayo obligatorio estaban claramente establecidos.
Pero el día del ensayo una madre nerviosa llamó durante la práctica para averiguar a qué hora se suponía que su hija adolescente debía presentarse. Otra llamó para decir, «Oh, estamos llevando a Tomás a lo de la abuela. No hay problema si se pierde el ensayo, ¿cierto?» Cuando la profesora les recordó a los padres que era una práctica obligatoria y que ya había comenzado, escuchó a alguien decir: «¿Por qué nadie me avisó? ¿Cómo iba a saberlo?»
Así como esta profesora se sentía molesta porque sus claras instrucciones fueron ignoradas, ¿será posible que Dios se sienta atribulado por nuestra tendencia a ignorar Sus claras instrucciones? En 1 Tesalonicenses, Pablo nos recuerda que el mensaje de inspiración divina nos dice «cómo [n]os conviene conducir[n]os y agradar a Dios» y que esas instrucciones fueron dadas «por el Señor Jesús» (4:1-2). Pablo explica que al Señor le entristece que ignoremos Sus enseñanzas y vivamos como nosotros queramos (Efesios 4:30-5:2).
Hagamos que leer las instrucciones de Dios y luego vivir conforme a ellas, sin excusas, sea nuestro objetivo.

La historia cobra vida!


La película Noche en el museo describe las graciosas experiencias de un guardia en un museo de historia natural. La emoción comienza cuando las figuras exhibidas cobran vida por la noche.
Inspirados en esta película, los directores de un museo de verdad crearon una experiencia similar. El personal interpretaba figuras históricas como caballeros con armadura, damas de la época victoriana y miembros de la realeza egipcia. Cuando los niños llegaban, se les decía que los personajes habían cobrado vida y era necesario hacer que volvieran a su lugar. Al hacerlo, la historia cobraba vida para ellos.
Los niños no tienen por qué aburrirse con la historia. Esto es especialmente cierto en cuanto a las historias bíblicas. Tomemos a Moisés, por ejemplo. Escapó de la muerte siendo un bebé, fue educado como un príncipe, obró milagros y recibió los Diez Mandamientos. ¡Cuántos elementos emocionantes en una historia para enseñarles a los niños acerca de Dios!
Hace generaciones que a los niños se les han contado historias bíblicas, como en el período de Éxodo (caps. 12–13) y Deuteronomio (cap. 6). Moisés describió momentos en los que se les volvían a relatar hechos vitales de la historia judía.
¿Por qué no separar un tiempo para leerles historias bíblicas a los niños que son parte de tu vida? Después, ¡observa su emoción a medida que estas cobran vida!

Una buena acicalada


Nuestra perra, Dolly, es una terrier escocesa de siete años de edad. Le encanta escarbar en la tierra, lo cual significa que se ensucia mucho. La bañamos en casa una vez a la semana más o menos, pero de vez en cuando termina tan mugrienta y enredada que tenemos que llevarla a una peluquería canina para un tratamiento profesional.
Dolly detestaba ir allí porque la mujer que la atendía siempre estaba con prisa, y solía tener mal humor y ser muy dura. Hacer que atravesara la puerta era una lucha. Tan sólo ver el local hacía que quisiera huir.
El año pasado decidimos probar en otro salón y descubrimos que nuestra perra estaba menos renuente a ir, aunque la idea jamás la llenó de gozo. Eso se debe a que la persona que la atiende es amable con ella aun cuando deba bañarla a fondo, lo que le causa incomodidad.
Cuando el pecado y la maldad se acumulan en nuestro interior, necesitamos que se nos limpie. Al igual que el salmista David, debemos pedirle a Dios que examine y pruebe nuestras mentes y corazones, y nos señale los pensamientos, las actitudes y las acciones viles (Salmo 139:23-24). Puede que el Señor nos cause incomodidad, ya que la exposición es a menudo difícil, pero podemos acercarnos a Él sin temor.
Aunque algunas veces es doloroso, cuando el Señor nos examina, lo hace con amabilidad y gentileza.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Semillas y fe

Leí una fábula acerca de un hombre que estaba mirando en una tienda cuando hizo el pavoroso descubrimiento de que Dios estaba detrás del mostrador. Así que el hombre se acercó, y preguntó: «¿Qué vendes?» Dios respondió: «¿Qué desea tu corazón?» El hombre dijo: «Quiero felicidad, paz mental y libertad del temor […] para mí y para todo el mundo». Dios sonrió y dijo: «Aquí no vendo frutos. Sólo semillas».


En Gálatas 6, Pablo enfatizó la importancia de sembrar semillas de comportamiento que honren a Dios, porque «todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (v.7). No podemos esperar experimentar el fruto de las bendiciones de Dios si no reconocemos la importancia de hacer nuestra parte.

Seguir el ejemplo de otros que han sembrado buena semilla puede ayudarnos. Samuel Shoemaker dijo que un buen ejemplo puede inspirarnos o hacernos decir: «Ah, sí, él (o ella) es así. Los cambios de humor, los nervios, la impaciencia o la preocupación no le suponen un problema como en mi caso; simplemente tiene mejor temperamento». Shoemaker continuó: «Puede que no se nos ocurra que tal vez esta persona haya tenido que luchar por su serenidad y que también podríamos triunfar si hiciéramos lo mismo».

¿Estás cansado de tu manera de ser? Pídele ayuda a Dios y comienza hoy a sembrar las semillas de nuevas acciones y respuestas. A su debido tiempo, el Espíritu dará el crecimiento.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Prisioneros del pecado


Un informe del 2008 de la Oficina de las Naciones Unidas para Drogas y Crímenes decía: «En cualquier momento dado hay más de 10 millones de personas encarceladas en todo el mundo». Como algunos presos son liberados mientras que otros reciben sentencias cada día, cada año hay un total de más de 30 millones de prisioneros en todo el mundo. Estadísticas como estas han hecho que muchas personas trabajen en pos de una reforma en el sistema de encarcelamiento y una reestructuración de las leyes para pronunciar sentencias.
Desde una perspectiva espiritual, la Biblia ofrece una estadística aún más asombrosa: «Mas la Escritura lo encerró todo [el mundo entero] bajo pecado» (Gálatas 3:22). En lo que algunas veces se considera un pasaje difícil de entender, Pablo dice que, aunque la ley del Antiguo Testamento no podía impartir vida (v.21), era un eficaz maestro a la hora de mostrarnos que necesitamos un Salvador que pudiera revivirnos (v.24). La mala noticia es que «la Escritura lo encerró todo bajo pecado», y la buena noticia es «que la promesa que es por la fe en Jesucristo [es] dada a los creyentes» (v.22).
Cuando le entregamos nuestra vida a Cristo, que ha cumplido con los requerimientos de la ley, ya no somos prisioneros del pecado. En vez de ello, entramos en una comunión de personas de toda nacionalidad y condición social.
En Cristo, ¡somos verdaderamente libres!

Santificando Halloween


La palabra santificar ya no se usa mucho y, cuando se hace, esta tiene una amplia gama de significados. Los cristianos usamos esta palabra cuando decimos el Padrenuestro, en la oración «Santificado sea tu nombre». A menudo, se la relaciona con el último día de octubre, conocido como la víspera del Día de todos los santos o, más popularmente, como Halloween, que es la abreviatura correspondiente en inglés.
En las Escrituras, la palabra santificar tiene otro significado. Cuando santificamos algo, lo apartamos como algo santo.
El nombre de Dios no es lo único que hemos de santificar. Nosotros también hemos de ser santificados. Pablo instó a Timoteo a ser un instrumento santificado y útil para Dios, siguiendo «la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor» y evitando «las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas» (2 Timoteo 2:21-23).
En este último día de octubre, niños y niñas en muchos lugares estarán llevando bolsas llenas de caramelos. Al pensar en ellos, podemos preguntarnos: «¿Qué es lo que llena la esencia de mi vida? ¿Será alguna amarga actitud que me lleva a cuestiones necias e insensatas o un espíritu dulce que me lleva a la justicia, la fe, el amor y la paz?»
Aunque este día el mundo lo use para adorar a sus deidades y cometer abominación delante de los ojos del Señor nosotros podemos santificar el día de hoy y cada día, apartándonos para Dios y para que Él nos pueda usar.

Quédate


El autor de novelas del oeste, Stephen Bly, dice que en aquellos días había dos tipos de amigos: los que huían corriendo y los que se quedaban. A la primera señal de problemas, los primeros partían como un rayo, abandonando a su amigo en medio del peligro. Pero los que se quedaban, permanecían con su compañero, sin importar las circunstancias. Desafortunadamente, no se podía saber qué clase de amigo se tenía hasta que llegaba el problema. Y entonces, ya era muy tarde, a menos que dicho amigo fuera de los que se quedaban.
Sin embargo, más que estar preocupados con el tipo de amigos que tenemos, debiéramos considerar qué tipo de amigos somos. En sus últimos días, mientras Pablo aguardaba su muerte, algunos de los que habían ministrado con él, huyeron y lo abandonaron para que enfrentara su ejecución solo. En su última carta, él menciona a algunos (como Demas) que habían huido, y luego simplemente declaró: «Sólo Lucas está conmigo» (2 Timoteo 4:11). Lucas era de los que se quedaban. Si bien se sentía decepcionado por aquellos que lo habían abandonado, Pablo sintió un profundo consuelo al saber que no estaba solo.
Los Proverbios nos dicen que «en todo tiempo ama el amigo» (17:17). Durante tiempos de adversidad, necesitamos amigos en quien confiar. Cuando las personas que conocemos enfrentan problemas, ¿qué clase de amigos seremos: los que huyen o los que se quedan?

Perdido y hallado


Un artículo en un periódico describía los esfuerzos de hombres de mediana edad que estaban tratando de encontrar su automóvil favorito, que una vez poseyeron y amaron, pero que habían perdido. Buscaban en anuncios para automóviles en Internet, llamaban a depósitos de chatarra e incluso contrataban a especialistas que cobran US$ 400 por hora para ayudarlos a buscar un automóvil que una vez simbolizó la juventud de estos hombres. Ellos, de hecho, quieren el vehículo que una vez poseyeron, no otro que simplemente se le parezca.
Algunos dirían que estos esfuerzos son frívolos, un desperdicio de tiempo y dinero. Pero el valor de un automóvil, al igual que muchas cosas, depende de quién lo mire.
En Lucas 15, personas despreciadas por su sociedad vinieron a escuchar a Jesús. Pero algunos líderes religiosos se quejaron: «Este a los pecadores recibe, y con ellos come» (v.2). A fin de declarar cuán valiosos son estos «pecadores» para Dios, Jesús contó tres historias acerca de la oveja perdida (vv.4-7), la moneda perdida (vv.8-10) y el hijo perdido (vv.11-32). Cada parábola registra la angustia de perder, el esfuerzo de buscar y el gozo de encontrar algo de gran valor. En cada historia vemos un cuadro de Dios, el Padre amoroso, que se regocija por cada alma perdida que se salva.
Aun cuando te sientas lejos de Dios hoy, tú eres de gran valor para Él. Él te está buscando.

Disfraz casi perfecto


El una vez líder de los serbios de Bosnia y acusado de genocidio, Radovan Karadzic, había sido uno de los hombres más buscados en el mundo. Engañó a todo el mundo con una larga y blanca barba, documentos falsos y practicando la medicina alternativa… por un tiempo. Después de estar trece años escondido, finalmente fue arrestado.
La Biblia nos dice que Satanás también está dedicado a engañar a las personas por medio de disfraces. Desde el inicio de la historia humana, fingió ser un asesor inteligente, al decirle a Eva que Dios no era honesto con ella (Génesis 3:4). Él «se disfraza como ángel de luz» (2 Corintios 11:14), pero el Señor Jesucristo lo ha desenmascarado como un «mentiroso, y padre de mentira» (Juan 8:44).
A menudo la gente yerra al irse a dos extremos en su opinión de Satanás. Algunos lo desechan mientras otros le atribuyen más poder del que se merece. No nos engañemos. Satanás es poderoso como el «dios de este siglo» (2 Corintios 4:4). Pero los cristianos no tienen que acobardarse ante él con temor, «porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4). Llegará el día en el que Satanás será echado al lago de fuego y azufre (Apocalipsis 20:10).
Hasta que llegue ese día, no nos engañemos, sino más bien, vivamos vidas piadosas que reflejen la imagen de Cristo, por cuanto Él es «verdadero, y no hay en él injusticia» (Juan 7:18).

Luz de la creación


En Jamaica, se encuentra una extensión de agua llamada la Laguna Luminosa. De día es una bahía sin nada de particular, en la costa norte. De noche es una maravilla de la naturaleza.
Si la visitas después de que anochece, notarás que el agua está llena de millones de organismos fosforescentes. Siempre que hay movimiento, el agua y las criaturas en la bahía brillan. Por ejemplo, cuando los peces nadan pasando por tu bote, se encienden como luciérnagas marítimas. A medida que el bote se desliza por el agua, la laguna brilla de manera resplandeciente.
La maravilla de la creación de Dios nos deja sin habla y esto es sólo una pequeña parte de todo el paquete de misterios de la formidable obra de Dios, según se explica detalladamente en Job 37 y 38. Escucha al Señor cuando explica Su papel en la majestad de la naturaleza. «¿Sabes tú cómo Dios las pone en concierto, y hace resplandecer la luz de su nube?» (37:15). «¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz, y dónde está el lugar de las tinieblas?» (38:19). Las majestuosas creaciones de Dios, estas luces que resplandecen o peces que brillan, son misterios para nosotros. Pero, tal y como Dios le recordó a Job, todas las maravillas de nuestro mundo son Su obra creativa.
Cuando observamos la asombrosa creación de Dios, nuestra única respuesta puede ser la de Job: Estas son «cosas demasiado maravillosas para mí» (42:3).