viernes, 18 de septiembre de 2009

Dejar ir


Se ha dicho que «la basura de una persona es el tesoro de otra». Cuando David trató de ayudar a sus padres a limpiar su casa de «artículos innecesarios» antes de que se mudaran a otra menor, encontró esta tarea muy difícil. A menudo se enfadaba cuando sus padres se negaban a separarse de cosas que no habían usado durante décadas. Finalmente, el padre de David le ayudó a entender que incluso los artículos desgastados e inútiles estaban ligados a personas o vivencias importantes. Deshacerse de los cachivaches era como borrar sus propias vidas.
Nuestra renuencia a guardar los cachivaches en nuestros hogares puede ser un paralelismo espiritual con nuestra incapacidad para limpiar nuestros corazones de las actitudes que nos agobian.
Durante muchos años, Saulo de Tarso se aferró al nivel de «rectitud» que había logrado al obedecer la ley de Dios. Su linaje y desempeño eran posesiones muy preciadas hasta que tuvo un encuentro con Jesús en el camino a Damasco (Hechos 9:1-8). Cara a cara con el Salvador resucitado, renunció a su tan atesorado esfuerzo propio y más tarde escribió: «Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo (Filipenses 3:7).
Cuando el Espíritu Santo nos insta a soltar una actitud a la que nos aferramos y que nos impide seguir a Cristo, encontramos verdadera libertad al dejarla ir.

Cosas que se dicen en secreto


lgunos dicen que el anonimato es el último refugio de los cobardes. A juzgar por la correspondencia y los comentarios que se me han enviado anónimamente, estoy de acuerdo. Las personas que se esconden detrás de la pantalla del anonimato o de una identidad falsa sienten la libertad de lanzar diatribas iracundas e hirientes. El anonimato les permite ser poco amables sin tener que asumir la responsabilidad de sus palabras.
Siempre que estoy tentada a escribir algo anónimamente porque no quiero que se me identifique con mis propias palabras, me detengo y lo reconsidero. Si no quiero que mi nombre vaya unido a ello, probablemente no debo decirlo. Entonces hago una de dos: o lo tiro a la basura o lo vuelvo a escribir de una manera que sea más útil que hiriente.
Según Efesios, nuestras palabras deben edificar e impartir gracia (4:29). Si no estoy dispuesta a usar mi nombre, hay razones para creer que mi motivo es herir en vez de ayudar.
Siempre que estés tentado a decir algo en secreto —tal vez a algún familiar, un compañero de trabajo o a tu pastor— considera por qué no quieres que se identifique tu nombre con tus palabras. Después de todo, si no quieres eso, probablemente Dios tampoco lo quiere. Él es tardo para la ira y grande en misericordia (Éxodo 34:6) y nosotros debemos ser igual.

La sonrisa de Mel


Algunas personas piensan que no debemos dibujar en nuestras Biblias, pero me alegra que mi hija Melissa dibujara en la suya. En el margen junto a Romanos 5, ella usó un lapicero de tinta verde para hacer el dibujito de un sencillo rostro sonriente y enmarcó el versículo 3.
¿Cómo podría ella saber que su familia y amigos necesitarían este pasaje cuando nos dejó tan de repente en un accidente automovilístico a la edad de 17 años? ¿Cómo podría ella saber que estos versículos contarían su historia al tiempo que guiaban nuestras vidas y las de otras personas a lo largo de estos últimos siete años?
Romanos 5 comienza explicando nuestra justificación por medio de la fe, la cual nos da paz con Dios por medio de Jesús (v.1). Melissa tenía esa paz. Y en estos momentos ella está gozando los frutos de su fe, tal y como lo describe el versículo 2: «Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios». ¡Imagina el rostro sonriente que ella podría dibujar ahora!
Y luego estamos todos los demás —todos los que hemos quedado atrás cuando nuestros seres queridos nos preceden en la muerte. De alguna manera, «nos gloriamos en las tribulaciones». ¿Por qué? Nuestro sufrimiento trae perseverancia, la cual produce carácter y nos da esperanza (vv.3-4).
En momentos de tragedia nos sentimos impotentes e indefensos, pero jamás sin esperanza. Dios derrama Su amor en nuestros corazones y, con él, la gran esperanza de Su gloria. Todo es parte del plan misterioso y sin embargo maravilloso de Dios.

¿Eres honesto?


La revista Woman’s Day hizo una encuesta entre más de 2 mil personas para verificar sus niveles de honestidad. Al preguntárseles «¿Cómo eres de honesto?», 48% respondieron que muy honestos, 50%, que un tanto honestos, y un 2%, que no muy honestos.
El 68% de los encuestados confesó que habían tomado útiles de oficina de sus centros de trabajo para uso personal. Y el 40% de ellos admitió que harían trampa en el pago de sus impuestos si supieran que no les atraparían.
Ananías y Safira probablemente pensarion que podían salirse con la suya cuando mintieron (Hechos 5:1-11). Pero rápidamente se encontraron en una situación muy distinta cuando Pedro les confrontó y les dijo que habían mentido al Espíritu Santo. De inmediato cayeron muertos (vv.5,10).
El deseo del Señor era mantener a Su nueva Iglesia pura para poder usar a los creyentes en las vidas de los demás. Tal y como lo dice el maestro bíblico G. Campbell Morgan: «La iglesia pura es la iglesia poderosa… El único poder [que puede hacer] que una iglesia sea pura es el Espíritu de Dios que mora en ella». La pureza de la iglesia llevó a que sus miembros difundieran su testimonio «y los que creían en el Señor aumentaban más» (v.14).
Seamos el tipo de personas «que hacen verdad» (Proverbios 12:22) para que podamos ser usados por el Señor.

Violencia Lateral


Un intrigante artículo en la revista Michigan Nurse llevó la atención hacia el «sucio secretito de la enfermería» —la falta de cortesía y el abuso verbal que se da entre algunas enfermeras. Esta intimidación entre colegas (también conocida como violencia lateral) toma la forma de traiciones, indirectas, luchas internas, sabotajes, afrentas verbales, faltas de respeto a la privacidad y otros.
La violencia lateral no sólo ocurre entre las enfermeras; es un problema creciente en muchos otros ambientes de trabajo. Esta intimidación siempre incluye un desequilibrio de poder, una intención de hacer daño y la amenaza de mayor agresión.
Por supuesto, esto jamás ocurriría en la iglesia… ¿o sí? Piensa en la interacción personal en las juntas de diáconos y ancianos, entre el personal de las oficinas de las iglesias, en los grupos de estudio bíblico y en los ministerios juveniles. ¿Están alguna vez marcados por el tipo de comportamiento que hace daño, denigra o intimida a los demás? ¿Y qué hay acerca de la interacción en nuestras familias?
Cuando los discípulos estaban disputándose las mejores posiciones en el reino venidero, Jesús les reprendió y dijo: «El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor» (Mateo 20:26). Con esa actitud en todas nuestras relaciones, la intimidación jamás se encontrará entre nosotros.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Lugares abandonados


Nuestra familia acababa de llegar a la cabaña del lago que habíamos alquilado para una muy esperada semana de vacaciones cuando mi esposa descubrió la evidencia inequívoca de arañas y ratones en la casa. No era que jamás nos hubiésemos topado con aquello, sino que esperábamos que la cabaña hubiese sido limpiada y preparada para nuestra estancia allí. En vez de ello, todo estaba sucio con los restos de aquella plaga e hizo falta una buena limpieza antes de poder instalarnos. No era una mala casa; simplemente la habían dejado abandonada.
Podríamos ser culpables de tratar nuestros corazones igual que aquella cabaña. Nuestros «lugares abandonados» pueden llegar a convertirse en semilleros para plagas de pensamientos equivocados, malas actitudes o comportamientos pecaminoso —creando problemas que requieren una gran atención para ser corregidos. El camino sabio a seguir es reconocer nuestra necesidad de cuidar nuestros corazones permaneciendo en la Palabra de Dios y adoptando sus verdades.
En el Salmo 119:11, el rey David reconoció el peligro de no cimentar nuestras vidas en las Escrituras. Él dijo: «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti».
Con un enfoque en la Palabra, podemos construir vidas espirituales fuertes que nos ayudarán a evitar los peligros que inevitablemente crecen en lugares abandonados.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Oraciones sin contestar


Una explicación que a menudo escuchamos para las oraciones «no contestadas» es que no tenemos suficiente fe. Pero Jesús dijo en Lucas 17:6 que, si tenemos fe del tamaño de una semilla de mostaza, podemos ordenarle a un sicómoro que se desarraigue y se plante en el mar; y nos obedecerá.
Lucas cuenta de un centurión romano con «gran fe» (7:9). Su fe se expresó primero como un llamado a Jesús para que sanara a su siervo moribundo; luego, como un reconocimiento de que Jesús podía sanar a su siervo en cualquier momento y en cualquier lugar. El centurión no Le pidió a Jesús que hiciera las cosas a su manera.
La fe ha sido descrita como «la confianza en el corazón de Dios y en Su poder». Algunas oraciones que parecen no recibir respuesta simplemente son ejemplos en los que Dios amorosamente ha invalidado nuestros deseos. Él sabe que lo que hemos pedido no es lo mejor. O puede que sea que nuestro tiempo no es el Suyo, o que Él tiene un propósito muchísimo mayor en mente. Recordemos que incluso Jesús oró a Su Padre celestial: «pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22:42).
¿Tenemos la gran fe del centurión —una fe que confía en que Dios hará Su obra a Su manera?

Consolado para consolar


Mientras le hablaba a un grupo de atletas cristianos, les pregunté cómo respondían normalmente a las situaciones difíciles. Sus respuestas incluían el temor, la ira, la autocompasión, la agresión, la desesperación, el comportamiento abusivo, la apatía y volverse a Dios. Les alenté a confiar en que Dios les consolaría y luego les usaría para consolar a otros.
Así como alenté a esos atletas, Pablo animó a un grupo de creyentes en una ciudad llamada Corinto. Él les recordó que, para el seguidor de Jesús, las aflicciones eran inevitables. Muchos estaban siendo perseguidos, encarcelados y oprimidos —todo debido a su relación con Jesús. Pablo quería que los corintios supieran que, en medio de su tribulación, Dios era su fuente de ayuda. Él se pondría de su lado y les ayudaría a dar respuestas piadosas. Luego Pablo dio una de las razones por las que Dios permitía el sufrimiento y traía consuelo divino —para que los corintios tuvieran empatía y pudieran identificarse con el sufrimiento de los demás y consolarlos (2 Corintios 1:4).
Cuando suframos, recordemos que Dios nos traerá consuelo por medio de Su Palabra, el Espíritu Santo y nuestros compañeros de la fe. Dios no nos consuela para que estemos cómodos; nos consuela para que podamos ser consoladores de otros.

Cómo hacerse rico?


Encuentro interesante que Jesús enseñara acerca del dinero más que cualquier otra cosa. Y no estaba tratando de hacerse rico poco a poco. Hasta donde sabemos, ni siquiera pidió una ofrenda. La razón por la que hizo una enseñanza tan extensa sobre este tema es que nada obstruye nuestras arterias espirituales con mayor rapidez que el dinero —ya sea por trabajar para tener mucho o por desear tenerlo.
Piensa en el hombre que descaradamente Le pidió a Jesús: «Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia» (Lucas 12:13). ¡Asombroso! Tuvo una oportunidad de «ir a fondo» con Jesús, pero, en vez de ello, quería los bolsillos llenos hasta el fondo.
Jesús respondió con una declaración contundente y que iba contra lo que se intuía: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (v.15). Prosiguió contando la parábola de un hombre rico que era tremendamente exitoso desde un punto de vista mundano —con tantas cosechas que tenía que construir graneros más y más grandes— pero que, a los ojos de Dios, era en realidad un «necio». No porque fuera rico, sino porque no era rico hacia Dios.
Escucharás muchos consejos acerca de cómo hacerte rico. Pero sólo Jesús nos lo dice con franqueza. No se trata de dinero. Se trata de las riquezas de nuestra relación con Él y el gozo de convertir nuestra codicia en generosidad. 

viernes, 4 de septiembre de 2009

Preludio de Alabanza


Entramos a una sala de conciertos, encontramos nuestros asientos y escuchamos con expectativa cuando los instrumentos de la orquesta son afinados. El sonido es discordante, no melódico. Pero el afinamiento es simplemente un preludio a la sinfonía.
C. S. Lewis sugirió que así sucede con nuestros devocionales e incluso nuestras reuniones de adoración. Algunas veces parecen desafinados, pero Dios escucha nuestras oraciones y alabanzas con deleite paternal. En realidad nos estamos preparando para participar en la sinfonía gloriosa del cielo. Ahora estamos haciendo una contribución minúscula a las armonías de las huestes de ángeles y redimidos. Pero nuestra adoración, aunque débil, complace el corazón del Oyente Divino más que la mejor de las interpretaciones de la mayor orquesta de la tierra.
¿Aguardamos con ansia nuestra participación en la sinfonía de alabanza del cielo? ¿Estamos participando con gozo en la adoración que deleita el corazón de Dios? ¿O consideramos la devoción una disciplina más que un deleite?
Nuestras actitudes se transformarán cuando nos demos cuenta de que la alabanza deleita el corazón de Dios. La alabanza nos ayuda a afinar nuestras vidas con las armonías celestiales.
La alabanza es una preparación indispensable para la adoración que será nuestro gozo eterno. «Todo lo que respira alabe a JAH» (Salmo 150:6).

el Dios de Einstein


Cuando se le preguntó al gran físico Albert Einstein si creía en Dios, él respondió: «Estamos en la posición de un niñito que entra en una enorme biblioteca llena de libros en muchos idiomas. El niño sabe que alguien debe haber escrito esos libros. No sabe cómo… Ésa, me parece, es la actitud de incluso los seres humanos más inteligentes hacia Dios. Vemos el universo maravillosamente dispuesto y obedeciendo ciertas leyes pero apenas las entendemos». Aunque Einstein se maravillaba ante el diseño que veía en la naturaleza, no creía en un Creador personal.
El salmista compartía con Einstein el sentido de sobrecogimiento y respeto reverencial en cuanto a la naturaleza, pero dio un paso más y creyó en el Diseñador que había pord detrás del diseño: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19:1).
La maravilla que sentimos al contemplar nuestro universo debe servir como una señal en el camino que apunta hacia Aquel que lo creó. Las Escrituras nos dicen: «Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (Juan 1:3).
¿Estás luchando con tus creencias? Mira las estrellas esta noche. En el cielo se ha diseñado una asombrosa señal en el camino que apunta al Diseñador de todo ello.

La Vida es Buena


Al visitar un pueblo turístico cercano, deambulé hasta dar con una tienda llena de artículos, todos marcados con el lema «La vida es buena». Algunas veces necesitamos recordar esa verdad sencilla.
Cuando el trabajo para ganarnos la vida, criar una familia, mantener la salud y el buen estado físico y mantener buenas relaciones comienza a abrumarnos, es bueno pensar cuán pequeña realmente es nuestra parte en el universo. Mientras nos obsesionamos con nuestro trabajo, Dios hace el Suyo en silencio. Él mantiene a la tierra y a los planetas girando, y a las estaciones cambiando. Sin ayuda alguna por nuestra parte, Él hace que el sol salga cada mañana y se ponga cada atardecer. Cada noche Él cambia el diseño de las lumbreras nocturnas en el cielo. Apaga la luz para que podamos dormir y la vuelve a encender para que podamos ver mientras trabajamos y jugamos. Sin levantar un dedo, podemos disfrutar de auroras y ocasos. Cada año, las estaciones cambian según su programación; no tenemos que orar por ello o decirle a Dios que es tiempo de enviar la primavera. Todo lo que Él hace nos recuerda que Él es bueno (Hechos 14:17).
A veces, la vida será difícil y dolorosa, y, por ahora, imperfecta. Pero sigue siendo buena, porque, en todas estas cosas, nada puede separarnos de las espléndidas expresiones del amor de Dios (Romanos 8:39).

Viajes


En un mapa en la parte de atrás de mi Biblia, se muestran cada uno de los viajes misioneros de Pablo con una línea de color y flechas que indican la dirección de su travesía. En los primeros tres viajes, las flechas se dirigen lejos de su punto de partida y giran hacia un punto de retorno. Sin embargo, en el cuarto viaje, Pablo estaba viajando como un prisionero, rumbo a un juicio ante César, y las flechas sólo apuntan en dirección de ida, terminando en Roma.
Podríamos estar tentados a llamar a éste un momento infortunado en la vida de Pablo, si no fuera por su visión de que Dios le estaba guiando y usando tanto en este viaje como lo había hecho en los otros tres.
Él escribió: «Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor» (Filipenses 1:12-14).
Aun cuando nuestro viaje en la vida esté marcado por el confinamiento y las limitaciones, podemos estar seguros de que el Señor animará a los demás por medio de nosotros cuando hablemos Su Palabra y confiemos en Él.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Paciencia en prisión


¿Has notado cómo la mala memoria de las personas puede poner a prueba nuestra paciencia? Como profesor, mi paciencia es puesta a prueba cada vez que un alumno se olvida de hacer algún deber que ha sido detalladamente explicado.
En la historia de José en la Biblia, vemos un ejemplo muchísimo peor de lo que es una mala memoria; y sólo podemos imaginar la manera en que, por ello, José luchó por mantener la paciencia.
Mientras estuvo en la cárcel, José interpretó un sueño del copero del rey, que llevó a la liberación de aquel hombre. José le dijo: «Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa» (Génesis 40:14). Sería lógico que, después de que José había ayudado al copero a obtener su libertad, éste se acordaría de él y le pondría en el primer lugar de las «cosas por hacer». Pero pasaron dos años antes de que el copero le hablara al faraón acerca de José (41:9). Finalmente, José fue liberado.
Imagina la impaciencia de José mientras esperaba cada día en esa mazmorra (40:15), tal vez pensando que nunca más sería liberado. Pero José tenía un recurso: La presencia de Dios (39:21), al igual que nosotros (Hebreos 13:5). Cuando te sientas impaciente, apóyate en el Dios que siempre está contigo. Él convertirá tu impaciencia en paciente confianza.

martes, 1 de septiembre de 2009

Corriendo una maratón


La Maratón de los Camaradas, que comenzó en 1921, es la más antigua de las ultra-maratones. Se lleva a cabo anualmente en Sudáfrica, abarcando una distancia de 90 km (56 millas). Bruce Fordyce dominó esta maratón por completo en los años 80, ganándola nueve veces entre 1981 y 1990. Su récord en 1986 de 5 horas 24 minutos y 7 segundos se mantuvo durante 21 años antes de ser finalmente superado en el 2007. Para mí es asombroso que él haya continuado participando en esta carrera cada año.
En un sentido, como cristianos, todos estamos en una maratón. Se necesita resistencia para correr y terminar la carrera de la vida. Cuando el apóstol Pablo escribió su carta a los filipenses, habló acerca de cómo «se «extend[ía] a lo que está delante» (3:13) y proseguía «a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (v.14).
Nuestro Señor Jesús ha puesto un ejemplo de cómo correr la maratón de la vida. La Biblia nos dice que Jesús «por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:2). A pesar de la «contradicción de pecadores», Él culminó Su carrera (v.3).
El secreto para terminar bien es desear el gozo que nos espera después de la carrera de la vida —vivir eternamente con Él.